cuadros de Goya Francisco de Goya

Cuadros de Goya

Los 4 cuadros de Goya más bellos

El Quitasol
 🔹 Óleo sobre lienzo, 104x152cm 🔹 1777

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El Quitasol (Museo Del Prado, Madrid)

El Quitasol es uno de los cartones para tapices realizados por Goya para decorar las paredes del Palacio Real de El Pardo en Madrid. Los tapices mostraban acontecimientos y escenas amables de la vida cotidiana, lo que los convertía en una bonita adición al comedor del Príncipe y la Princesa de Asturias, el futuro rey Carlos IV y María Luisa de Parma, que más tarde se convertirían en los principales clientes y mecenas de Goya. 

Los famosos cuarenta y dos cartones para tapices que Goya realizó en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, a partir de su llegada a Madrid en 1775, le ayudaron a demostrar su talento y le valieron el acceso a la Real Audiencia, asegurando su posición en la corte. Es curioso que los tapices que se crearon a partir de las obras de Goya son mucho menos conocidos e importantes que los cuadros que los inspiraron. Muchos de ellos están en colecciones privadas, ni siquiera accesibles al público. Sin embargo, en la época, los cartones para tapices carecían de valor y los de Goya permanecieron almacenados hasta 1870, año en que se trasladaron al Museo del Prado. 

El Quitasol es un cuadro de Goya especialmente alegre, exhultante de color y luz. Rojos, verdes, azules y amarillos se combinan para celebrar la vida y la juventud de la dama y su criado, vestido como un majo (en los siglos XVIII y XIX, persona de las clases populares de Madrid que en su porte, acciones y vestidos afectaba libertad y guapeza).

Goya pinta una escena en la vida ociosa de la aristocracia madrileña, con una dama y su criado que sostiene una sombrilla para protegerla del intenso sol. Parece como si estuviera vestida a la última moda francesa, ya que lleva una falda de color amarillo brillante y una blusa-corset de color azul, adornada con una flor blanca, completando el conjunto, una capa de color beige, todo ello de seda. El tocado de su cabeza y el collar del perrito en su regazo, de color rojo, se entrelazan visualmente con el chaleco de criado, también de color rojo. 

El cuadro tiene esa maravillosa captura de un instante que tan magistralmente supo plasmar Goya, en el que la protagonista ha sido sorprendida por la mirada del pintor y, en este caso, ella le devuelve la mirada, complacida. La expresión amable de la joven, transmite al espectador esa placidez de la vida fácil y regalada de la aristocracia. Sus pómulos enrojecidos nos dicen que muy posiblemente la joven esté fatigada y acalorada después del paseo y es exquisita la manera en que la luz del sol intenso está reflejada en la falda amarilla y atenuada en su rostro por el efecto del parasol.

La composición es bellísima, inteligente, con un muro oscuro que enmarca a la mujer (y que intensifica los colores de su vestido) y un paisaje a la derecha que abre toda la composición hacia el fondo, donde imaginamos un valle iluminado. Toda la escena rezuma paz y felicidad.

El uso extraordinario del color y la luz en este cuadro anuncian, con un siglo de antelación, el espíritu y la luz de los impresionistas franceses y los logros de Sorolla.

Los duques de Osuna y sus hijos
 🔹 Óleo sobre lienzo, 225x174cm 🔹 1778

Los duques de Osuna y sus hijos cuadros de Goya
Los duques de Osuna y sus hijos (Museo Del Prado, Madrid)

Los Osuna fueron unos de los más fieles clientes de Goya, por la gran estima que le tenían y por el gran número de encargos que le hicieron. 

Este retrato familiar es uno de los cuadros de Goya más bellos, por la ternura con que sus clientes están retratados, por la atención a todos los detalles y por la importancia que Goya da a los personajes, envueltos en un espacio abstracto, sin ninguna referencia que distraiga al espectador de los protagonistas absolutos de la composición: sus amigos y mecenas, los duques de Osuna y sus hijos. 

En este cuadro de Goya, el cariño del pintor por esta familia se manifiesta en la cuidada forma en que ha pintado sus rostros, especialmente los de los niños, a los que ha acompañado con sus juguetes y su deliciosa mascota, lo que hace la composición aún más tierna. Las figuras destacan sobre un fondo oscuro y neutro, a excepción del Duque, que aparece en una zona más iluminada.

Goya utiliza tonos grises y verdosos con una técnica ligera, que hace que los vestidos de la duquesa y las niñas y los trajes de los niños se muestren ricos y vaporosos, plasmando con una maestría extraordinaria los detalles de los encajes y las botonaduras. Es importante señalar que los retratos familiares eran prácticamente desconocidos en España cuando se realizó este. Goya es posible que buscara inspiración en obras flamencas e inglesas, apreciándose la influencia del gran Gainsborough en la composición.

La composición, con el duque de pie, vestido con uniforme y la duquesa sentada y vestida a la moda francesa, adopta una estructura triangular, dejando un espacio libre en la parte superior donde destaca la cabeza del paterfamilias.

La primogénita de los duques, Josefa Manuela, de la mano de su padre, ocupa el extremo derecho del cuadro y será retratada por Goya cuando ostente el título de marquesa de Camarasa. Igual ocurrirá con su hermana Joaquina que aparece de pie junto a su madre y que posará para Goya como marquesa de Santa Cruz.

A la izquierda y de pie aparece el heredero del título, Francisco de Borja, montado en un bastón a modo de caballo y sentado sobre un cojín, Pedro, el hijo menor de los duques, más tarde conocido como el príncipe de Anglona que llegaría a ser un destacado militar durante la Guerra de la Independencia Española, director del Museo del Prado de 1820 a mediados de 1823 y gobernador y capitán general de Cuba.

Los duques, Pedro Alcántara y su mujer, Maria Josefa Alonso Pimentel, profesaban un gran cariño y atención a sus hijos, encargándose la madre de su educación y de que siempre que tuvieran que viajar los niños la acompañaran. Pusieron una atención esmerada en la elección de los ayos y cuidadoras, y en su biblioteca se encontraban numerosos volúmenes de pedagogía. 

Los Osuna fueron unos ilustrados, modernos y avanzados en sus ideas, amantes de las novedades, especialmente en materia artística. Su casa era un centro de reunión de intelectuales y artistas, y organizaban conciertos (Boccherini fue contratado en 1786) y representaciones en su propio teatro. 

El cuadro permaneció en la casa familiar hasta 1897 en que fue donado al Museo del Prado.

La Maja Vestida
 🔹 Óleo sobre lienzo, 97x190cm 🔹 1800-1807

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La Maja Vestida (Museo Del Prado, Madrid)

Uno de los cuadros de Goya más famosos y uno de los cuadros más famosos de toda la historia de la pintura, retrata a una mujer cuya identidad no se ha podido certificar nunca, vestida con una ligerísimo vestido de seda que se pega a su cuerpo como una segunda piel y una chaqueta de goyesca (atuendo de maja que los cuadros de Goya han inmortalizado) lo que pudiera indicar que la mujer no es noble aunque todo parece apuntar, o al menos ese es el rumor que rodea la identidad de la mujer, a que se trata de la duquesa de Alba (una leyenda que comenzó a mediados del siglo XIX).

Otros apuntan a que es la amante de Godoy, Pepita Tudó, sin embargo, la crítica y la historiografía de Goya descartan categóricamente que estos cuadros de Goya sean retratos. Las dos Majas estarían acompañadas en el gabinete del Palacio de Godoy por la Venus del Espejo de Velázquez y alguna otra Venus de Tiziano, y serían entonces más bien interpretaciones muy personales de Goya de esa figura mitológica. 

Esta pintura se menciona por primera vez en 1808 junto a su compañera, La Maja Desnuda, en el inventario de la propiedad de Manuel Godoy realizado por Frédéric Quillet, agente de José Bonaparte. En 1813, las dos Majas se describen como gitanas en el inventario de las propiedades de Godoy confiscadas por el rey Fernando VII. 

La Maja Vestida nos cautiva por su belleza un tanto salvaje, muy apartada de las nobles y miembros de la casa real que Goya retrató. Hay algo en ella más mundano, más real y casi asequible. Goya sin duda quiso representar la belleza sensual, erótica de la mujer, al pegar a su piel esa seda, al marcar su cintura con ese precioso fajín rosa y al realzar sus pechos grandes envolviendolos en pliegues de seda. La condesa de Pardo Bazán la llamó “más que desnuda”.

La mujer nos mira desafiante, consciente de su atractivo pero aún guardando cierta inocencia por su evidente juventud. Su actitud desafía la tradicional timidez y reserva de las figuras femeninas, la mujer se libera a través de la mirada del gran pintor. La inteligencia y la franqueza de su mirada también son evidentes y apuntan a un interés por parte de Goya de representar otras facetas y aspectos de la mujer, adelantándose de nuevo a su época. 

Goya, con las dos Majas pinta la mujer en esencia, independizada de una clase social determinada (no sabemos exactamente si es noble o plebeya), segura de sí misma y consciente de su atractivo, desafiante y valiente. Desnuda o vestida, es la quintaesencia de la feminidad, rodeada de cojines de seda y con sus brazos levantados parece presentarse como una exaltación del poder de la mujer y una celebración de su propia naturaleza.

Este cuadro de Goya está en la colección del Museo del Prado desde 1901.

Condesa de Chinchón
 🔹 Óleo sobre lienzo, 216x114cm 🔹 1800

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Condesa de Chinchón (Museo Del Prado, Madrid)

El lienzo, considerado por muchos el retrato más bello que pintó Goya, retrata a doña María Teresa de Borbón, esposa de don Manuel Godoy, el hombre más poderoso de la España de aquella época. El retrato lo hizo Goya a los tres años de su casamiento, contando con veintiún años de edad y encinta de su primera hija, la Infanta Carlota. Su pose y prestancia parecen denotar el interés de Goya de retratarla como una reina.

La condesa de Chinchón se presenta sumisa y recatada, con sus rizos rubios recogidos en un tocado de espigas verdes de trigo que simbolizan la fecundidad. Su aspecto tímido y hasta desvalido, a pesar del lujo de sus ropas y joyas, viene acentuado por la desnudez del fondo, oscuro en su mayor parte, sobre el que la condesa y su silla se asientan con rotundidad. Es la imagen de la condesa congelada en el tiempo, protagonista absoluta pues el ojo del espectador no tiene nada en qué fijarse excepto ella y su silla de oro. 

Hay tristeza en su mirada. Cuenta Jovellanos, ministro de Godoy, que fue invitado a comer a la casa de la condesa y de Godoy y que éste tenía a su derecha a su esposa, y a su izquierda a su amante Pepita Tudó, “…este espectáculo me llenó de pesar; era más de lo que mi corazón podía soportar. No podía ni hablar, ni comer, ni tener mi cabeza tranquila; salí huyendo”. (Jovellanos)

Sabemos que Goya no aprobaba esos matrimonios por conveniencia en los que no había verdadero amor y los había atacado, al igual que otros muchos ilustrados, en numerosas composiciones y muy duramente en los Caprichos, (conjunto de ochenta grabados, publicados entre 1797 y 1798), en los que analiza la situación de la mujer española, convertida en víctima pero despierta al saber sacar partido de las situaciones de sometimiento a las que se veía abocada. 

Este cuadro de Goya es el retrato cortesano por excelencia, en el que el artista ha plasmado con agudeza psicológica la situación vital que envuelve al personaje, todo tratado con un profundo amor y respeto por la mujer. Recordemos que Goya conoce a la condesa desde niña y sabe de sus vicisitudes, lo cual le permite dejar traslucir en su retrato ese trasfondo vital que la rodea y que marcará toda su vida.

Goya fue considerado el último de los viejos maestros y el primero de los modernos. Siendo un agudo comentarista y cronista de la época, llevó el género del retrato mucho más allá del aspecto utilitario que estos tenían, para convertirlos en instantáneas del interior del alma de sus retratados. Su mayor influencia en el arte del retrato la recibió de la obra de Velázquez que pudo ver en las colecciones reales. Su técnica prodigiosa le permitió abrir caminos nuevos a la pintura y es considerado un precursor del expresionismo, adelantándose más de cien años al desarrollo de esa tendencia de la pintura moderna.

A continuación te dejo un Documental sobre el cuadro de Goya y la vida de la condesa, por Manuela Mena, conservadora del Museo del Prado.

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