pedro almodovar sigfrido martín begué

Sigfrido Martín Begué, Pedro Almodóvar y Balenciaga

Sigfrido Martín Begué

sigfrido martín begué

Sigfrido Martín Begué fue una figura clave en el Madrid de los años ochenta y noventa. Añadió a la cultura de aquella época una inteligencia y una mordacidad únicas e irrepetibles. Sus boutades nos hacían reír, sus cuadros nos hacían pensar, sus trajes nos recordaban que un dandismo aún era posible y su pasión por Duchamp nos enseñó que la obra del artista francés no solo dio paso al aburrido arte conceptual sino a una figuración cargada de significado y humor que apelaba a la inteligencia del espectador tal y como Duchamp quiso.

Los que tuvimos la suerte de estar a su lado en aquellos años tan fructíferos nunca olvidaremos las noches interminables de risas y disparates, de excesos de todo tipo y en definitiva, de juventud exultante de triunfo, gloria y creatividad sin límites. Fue amigo de todos los players de la cultura de entonces: Pedro Almodóvar, Carlos Berlanga, Olvido Gara, Kiko Rivas, Angel Gonzalez, Sybilla, Antonio Alvarado, Fabio McNamara, Jaime Gorospe, Bernardo Bonezzi, Pablo Sycet, Guillermo Perez Villalta, Luis Moreno y Emilo Tuñón, Alvaro Soto, Angie Gray, Paloma Canivet, Miluca Sanz, Alberto García Alix, Juan Gati, Ouka Lele, El Hortelano, Herminio Molero, Borja Casani y las Moriarty y muchos muchos otros.

La noticia de su prematura muerte el 31 de diciembre de 2010 a los 51 años nos cayó como una bomba. Su recuerdo es imposible de borrar. Nos quedan sus maravillosas obras. Para siempre.

«Máquinas» en «Dolor y Gloria»

pedro-almodovar-dolor-y-gloria-sigfrido-martin-begué
Antonio Banderas en «Dolor y Gloria». Detrás, la obra de Sigfrido Martín Begué

Una interesante colección de pintura juega un papel importante en la película de Pedro Almodóvar Dolor y Gloria. De entre todas las obras que aparecen colgadas en la casa del protagonista hay una que nos llama poderosamente la atención, no solo por su escala, sino por su complejidad y belleza visual. Se trata de Santa Casilda (El Olfato) de Sigfrido Martín Begué.

En el año 1990 tuve el honor de organizar en mi galería madrileña la exposición de Martín Begué titulada Máquinas en la que se expusieron entre otras muchas, tres piezas (Santa Cecilia, Santa Rufina y Dibutade) que junto a Santa Casilda de la película de Almodóvar y Santa Lucía, forman el conjunto de piezas más importantes, a mi juicio, de toda la producción pictórica de Sigfrido Martín Begué.

Las santas componen la serie de los cinco sentidos en otros tantos óleos sobre lienzo de dimensiones considerables, (Santa Cecilia mide 195×165 cm y Santa Rufina 210×165 cm) y de una complejidad alegórica y compositiva notables. Os hablaré de las dos santas que yo tengo (las serigrafías) porque son las que mejor conozco y las que más me gustan.

Para conmemorar la exposición hicimos sendas ediciones de serigrafías con Santa Lucía y Santa Cecilia de las cuales aún conservo algunos ejemplares que están a la venta. Abajo os dejo los enlaces por si os interesa echar una ojeada.

Mis dos obras favoritas

ᐅ Santa Cecilia
🔹 Sigfrido Martín Begué

santa cecilia sigfrido martin begué

 

La bella joven que encarna a santa Cecilia en el cuadro de Martín Begué, siempre me recordó a las hermanas Molina; Sigfrido, en su más tierna juventud tuvo un breve amorío con una de ellas (no recuerdo cual), si os fijáis bien, el parecido con ellas es evidente. Sé estas cosas, y muchas otras acerca de Martín Begué, porque fuimos amigos desde nuestra infancia, ya que mi madre y la suya fueron compañeras de universidad. 

Aparte de esta anécdota, no hay nada más en la obra que sea “real” pues toda la composición está encerrada en una caja donde ella y sus artilugios viven como en un escaparate, eternamente admirada, inalcanzable, eternamente bella y joven.

Santa Cecilia, al igual que las otras santas de la serie, está vestida de Balenciaga. Como no podía ser de otra manera, Sigfrido vistió a sus santas con las ropas más lujosas que pudo encontrar en su enorme arsenal de referencias cultas que fue cuidadosamente cultivando desde muy niño. Sus estudios de arquitectura completaron su formación y se dejan ver en toda su obra, aunque nunca se sirvió de ellos ni de su título para ejercer la profesión de arquitecto. 

De todos los elementos que componen el cuadro, es el traje de Balenciaga el que más trabajo dio al artista. El volumen de la gruesa seda, los pliegues y el ajustado torso llaman poderosamente nuestra atención, y son auténticos protagonistas, hasta tal punto, que si elimináramos el traje, toda la composición se vendría abajo. El color brandy del traje confiere a la obra una calidez necesaria dada la frialdad de la luz artificial que envuelve a santa Cecilia y el tono general verdoso, ciertamente anodino, que la cubre de una tristeza mortecina que solo el perro consigue aliviar.

Los demás elementos sufren una inversión de sus funciones, en un juego surrealista y duchampiano que tanto gustaba a Sigfrido, como el gramófono famoso de La Voz de su Amo que en vez de emitir sonido contiene un oído que lo recibe. El órgano que ella está tocando no es un órgano realmente, es un híbrido entre máquina y una extraña biología, cuya función no es producir música sino crear pinturas abstractas a través del sonido: sinestesia del sonido. Todo tiene un aire como de laboratorio dieciochesco, como de experimento alquímico. Estoy segura de que Sigfrido se valió de referencias cultas para componer su extraño instrumento, pero ya quizás nunca lo sabremos.

Atributos como la elegancia, la belleza, la inteligencia, el humor, la cultura, la inventiva, la imaginación, son todos aplicables a esta obra en particular y a toda la carrera de Sigfrido Martín Begué.

ᐅ Santa Lucía
🔹 Sigfrido Martín Begué

santa lucía sigfrido martin begué

 

Esta obra está llena de elementos enigmáticos e inquietantes salidos de la imaginación del artista, del gabinete de un oftalmólogo y del triste final de esta santa (detenida, arrojada a un lupanar, arrancados sus ojos y finalmente, como seguía milagrosamente viendo, decapitada).

A Sigfrido sin embargo, esa historia no es la que le interesa, y nos evita el mal trago de verla sin ojos pues nos la presenta de espaldas para que todo lo que veamos de ella sea su exquisito cuello y su lujoso Balenciaga. Sus ojos están en el primer plano, agrandados, convertidos en extraño artilugio y, al igual que Santa Cecilia, se encaja en un espacio constreñido en el que parece habitar por toda la eternidad calibrando su misteriosa capacidad de ver sin ojos y buscando la manera de sanar a los ciegos.

Su mascota es un demonio al que lleva encadenado a su cintura y es este detalle el que me hace pensar que Sigfrido imaginó una escena para su santa Lucía en la vida después de su muerte, desocupada de cualquier actividad que no sea el estudio de la engañosa naturaleza de nuestros sentidos, en este caso la vista, que solo nos muestra una pequeña fracción de la luz y cuya capacidad de engaño es cosa malvada, como nos muestra el demonio que manipula un juego de espejos.

Como en la obra anterior, de nuevo estamos en el laboratorio de la santa, el lugar donde la realidad visible es conjurada y manipulada por la inevitable polaridad entre el bien (ella) y el mal (el diablillo). Ambos están embebidos en su tarea y la cadena que los une nos hace pensar que todo su siniestro engaño no sería posible si uno de ellos faltara. Recordemos que el día que se conmemora esta santa es el trece de diciembre, el solsticio de invierno, la noche más larga, considerada ideal para realizar hechizos mágicos y cualquier actividad espiritual. 

Como siempre pasa cuando se interpreta una obra, no podemos saber qué le parecería a Sigfrido esta aproximación interpretativa proclive a la magia y lo esotérico, pero ahí radica el interés de la obra, en su capacidad de sugerir interpretaciones, elucubraciones y divertimentos cultos que es lo que más le gustaba a Sigfrido.

 

¿Te ha sido útil este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuar!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 11

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Comparte este post

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on print
Share on email

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Noelia

    Qué ilusión me hace este artículo. Cuando vi Dolor y Gloria me fijé enseguida en los cuadros. Tengo una serigrafía de Sigfrido Martín Begué en mi salón, me apasiona su obra. No son fáciles de encontrar! Le voy a reenviar el artículo a una amiga que seguro que querrá adquirir una de las que anuncias aquí. Saludos

    1. tpb

      Hola Noelia! Gracias por tu comentario y por compartir el post. A nosotras también nos encanta la obra de Sigfrido! Saludos

  2. Pati

    Muy buen análisis de tan enigmáticas imágenes. Un homenaje a nuestro brillante amigo, que tan pronto nos dejó.

    1. Mar Estrada

      Gracias por tu comentario Pati!

Deja una respuesta

¡Apúntate al Newsletter!

También te podría interesar

Orwelliano George Orwell 1984 orwell frases El Gran Hermano Te Observa ojo que todo lo ve

Orwelliano ¿Qué Significa?

💡 Orwelliano: ¿qué significa realmente este término? Son pocas las personas que, a estas alturas de la crisis del coronavirus, no han oído hablar de

Leer Más »
navidad que es

¿Qué es la Navidad?

*Navidad que es* La Navidad es tradicionalmente una fiesta cristiana que celebra el nacimiento de Jesús, pero desde principios del siglo XX, también se ha convertido

Leer Más »
espiritualidad

Espiritualidad

🧘‍♀️ Espiritualidad: ¿Qué es y por qué debes prestarle toda tu atención? Comencemos por una definición de diccionario: espiritualidad es la cualidad de ocuparse de

Leer Más »